Miscelánea de cuentos. 1.-Mañosa

El siguiente es un relato erótico. Con él, inicio lo que llamaré “Miscelánea de cuentos", productos todos de mi imaginación. Como podrán darse cuenta, la apariencia física de los personajes es la de algunos personajes del anime Grisaia, pero su parentesco solo llega hasta ahí. Espero que lo disfruten.

   —Mmm... Eres una mañosa.
Viernes por la noche. Una amiga me invita a salir de fiesta a un bar. Aunque mi tolerancia al alcohol es mínima, decido ir para conocer chicas. En el bar ella me hace beber sin control, y cuando nos paramos a bailar estoy absolutamente borracho. El alcohol me imposibilita reaccionar correctamente. Entonces ella me arrastra como un muñeco de trapo a un hotel cercano, me tumba en la cama y se me pone encima. 
   —Oye... Me emborrachaste solo... Para abusar... De mi...
Tendido en la cama, todo da vueltas a mi alrededor. Ella se abre la camisa y luego me manosea.
   —No... Hagas eso...
Mi pene crece en respuesta a sus caricias, y ella me da un beso, ante el cual no puedo hacer más que responder.



   —¿Qué planes tienes para el viernes, Raoul?
Kathy es una amiga de la universidad. Nos conocimos durante mi sexto semestre de finanzas, aunque yo soy mayor que ella. Es solo que coincidimos en una clase y comenzamos a hablarnos. Pero ella es una chica muy dedicada a los estudios, y me dijo que había decidido adelantar esa asignatura, ya que es menor por un año. No puedo evitar pensar que ella es muy guapa. Su pelo largo y bien cuidado te hace sentir deseos de acariciarlo y deslizar los dedos a través de él. Sus largas piernas también son muy hermosas, y su cara bonita es agradable de contemplar. He calculado a simple vista que debe usar copa 34-D, aunque no estoy seguro, ya que casi nunca usa escote. Siempre va vestida formalmente, pero aún así sus curvas resaltan a la vista. Ella me sonríe mientras se pone frente a mí, distrayéndome del libro que hay sobre la paleta de mi silla.
   —Hola, Kathy. —Nuestros ojos se encuentran y le sonrío. Ella también me regresa el gesto.— Pues... En realidad no tengo nada planeado. ¿Por qué?
Me parece notar que su mirada brilla al oír eso.
   —Bueno, pues... Estaba pensando que me gustaría salir contigo el viernes por la noche... Hace tiempo que no bailamos juntos.
   —Tienes razón. No parece ser mala idea.
Cambio de postura en mi silla para mirarla mejor. Ella acaricia mi mano suavemente.
   —Entonces, está decidido. Saldremos juntos este viernes. ¿Te parece si nos vemos en mi casa a las nueve?
   —¡Las nueve! —Un poco sorprendido levanto las cejas.— Es un poco tarde...
   —Bueno, es que, el lugar al que quiero ir solo abre por las noches...
   —¿A dónde quieres ir, exactamente?
   —Hay un bar que me gusta, y he ido varias veces con otros amigos, pero esta vez quiero ir contigo.
   —Mmmm... Supongo que, mientras no me hagas beber, todo estará bien.
Ella se ríe y dice sarcástica:
   —No te preocupes, no haré que se deslice ni una sola gota de alcohol por tu garganta. Ya sé que te quedas dormido, y si eso pasara no tendría con quien bailar. Pero, ¿por qué eres tan débil con la bebida? El tamaño de tus músculos desentona con tu resistencia al alcohol...
Me encojo de hombros.
   —No lo sé... Desde que era un niño he sido así. Odiaba el brindis de Navidad porque no me gusta el sabor del alcohol, y la primera vez que me emborraché cuando era un puberto desperté en la calle sin zapatos ni dinero...
Ella suelta una carcajada.
   —¿En serio?
   —Sí...
Me avergüenza un poco hablar sobre eso, y también me incomoda que se rían de mis desgracias. Pero ella deja de reír al poco y aprieta mi mano.
   —No te preocupes, yo cuidaré de ti.
   —Debería ser yo quien diga eso...
En ese momento el profesor entra al salón, y Kathy se despide con una sonrisa para ir a su lugar al frente. Miro brevemente sus caderas mientras camina, y luego me concentro en la clase.
Al final de la clase, ella agita la mano a modo de despedida y leo en sus labios un "Te mandaré mensaje" antes de salir rápido del salón. Cuando camino por el pasillo a la siguiente clase pienso que debo volver a intentar bailar un poco para estar preparado para ese día.
No volví a encontrarme con Kathy al día siguiente, ni al siguiente. En realidad, sólo la veo en esa clase, por lo que es normal no verla más que a mitad de semana. Aunque, si llegamos a ser amigos fue porque el primer día de clases ella entró tímida al salón y se dirigió primero a mí para preguntar si era la clase correcta. Como no es mal parecida, comencé a hablarle y así fue como nos fuimos conociendo mejor. Sin embargo, no siento atracción por ella. Es guapa y todo, pero me parece que estamos mejor siendo amigos.
El viernes solo tengo una clase por la mañana, pero decido no ir para concentrarme en la cita de la noche. Tras preparar mi ropa, al afeitarme pienso que me gustaría conocer chicas. Sé que el negro me favorece, por lo que seguramente me veré atractivo vistiéndome así. No sería tan malo si consigo el teléfono de un par de chicas antes de volver a casa.
Al salir de la ducha, mi celular suena. Es un mensaje de Kathy.

¡Hola! Estoy ansiosa por que den las 9 para vernos. Te prometo que esta noche nos divertiremos mucho estando juntos ❤️😊😝
Cuando llegues a mi casa solo envíame un mensaje, y yo saldré, ¿sí?
Besos 💋♥️😊😉 

No es nada extraordinario. Sé que ella es así, por lo que no le doy importancia a sus muestras de afecto. Después de todo, es un mensaje, y sólo somos amigos, ¿no?
Cuando dan las seis de la tarde estoy completamente listo, y me miro en el espejo. Me gusta vestir de negro, por eso es que toda mi ropa es negra. Pero creo que me queda bien. Solo la corbata roja que me he puesto a propósito es de otro color, pero combina. Es un gesto "provocativo", o al menos es lo que quiero creer. Dejo la botella de loción junto al espejo y voy a cocinar algo antes de salir.
Por fin, poco después de las ocho regreso junto al espejo para cerciorarme que mi atuendo está bien, y me pongo la loción. El perfume es agradable y sé que a Kathy le gusta. Pero espero que haya otra chica a la que también le agrade el olor del perfume, ya que así será más fácil obtener su número. Y así, tras los últimos retoques, salgo al fin rumbo a su casa.
Hago que el taxi me deje una calle antes, para llegar caminando hasta su puerta. Cuando estoy frente a su casa escribo rápidamente el mensaje, resistiéndome a tocar el timbre. Al poco rato la puerta se abre, y ella sale sonriendo feliz.
   —¡Raoul!
Ella baja los dos escalones como un rayo, sin darme tiempo de apreciar mejor su ropa. Solo he notado que lleva una falda. Se me arroja al cuello y me da un abrazo emotivo.
   —Te vez muy guapo esta noche... — Y suavemente me da un beso en la mejilla. Después inhala perceptivamente el olor del perfume de mi cuello y se cuelga de mis hombros, mirándome de cerca. — Y hueles muy rico... Sabes que me gusta ese perfume, ¿verdad?
La sostengo suavemente de la cadera.
   —Bueno, sí... Lo has dicho antes.
Le sonrío mirándonos a los ojos. Su sonrisa se amplía.
   —Vamos a pasarla bien juntos esta noche, ¿sí?
   —Claro.
Se suelta de mi cuello y se sostiene de mi brazo. Comenzamos a caminar por la calle.
   —¿Y a dónde vamos?
   —Mmm... Quizás deberíamos tomar un taxi o algo. El bar al que quiero ir está un poco lejos...
Sin soltarse de mi brazo voltea y sonríe. Le regreso la sonrisa y nos acercamos a la calle que está más transitada, donde llamo un taxi con el brazo libre. Al subir le abro la puerta y voy detrás de ella. Mientras da las indicaciones al conductor yo aprovecho a mirarla. Lleva una falda un poco corta, y al estar sentados tengo una vista generosa de sus piernas. Además, se ve muy guapa. Quizás tenga que  cuidarla de los borrachos una vez que lleguemos.
Durante el camino no hablamos, pero ella recarga su cabeza en mi hombro y toma mi mano entre las suyas. La dejo hacer sin decir nada. Cuando llegamos, la música del lugar hace resonar un poco los vidrios del taxi. Libero mi mano de las suyas para sacar la cartera.
   —Oh, no... Yo pago... —Dice ella, pero yo ya tengo la cartera en la mano.
   —Kathy, yo pago. —Y la miro como diciendo "Es natural que lo haga."
Ella suspira y se resigna. Abro la puerta y le doy la mano para ayudarla a bajar. Cuando el taxi se va, veo el letrero con luz neón blanca y azul del nombre del bar. Se lee en él "Hidroxyn", pero ella me jala haciendo que me sobresalte.
   —¡Vamos!
Ella me conduce dentro. Hay un buen ambiente de fiesta y alcohol. Los faros de luz de colores en el techo vienen y van, llenando el lugar de claroscuros. Miro al suelo para caminar con cuidado sin soltarla. Hay muchas mesas ocupadas, y miro fugazmente a las personas a nuestro alrededor. Sé que hay chicas, pero no tengo oportunidad de mirarlas bien. Se ve la pista de baile al centro.
Kathy me aprieta la mano.
   —Hay que buscar una mesa libre... Si no, tendremos que quedarnos parados...
Dice ella casi gritando para hacerse oír. Yo asiento con la cabeza mientras seguimos caminando. Pasamos junto a varias mesas donde hay hombres y mujeres por igual, cada quien en sus asuntos, pero todos animados. Una mesa escandalosa llena de hombres vitorea cada que una chica pasa, y al ver a Kathy, resuenan los aullidos y gritos. Todos están borrachos, y ella se vuelve para gritar en mi oído, ya que el escándalo es enorme.
   —¡Finge que eres mi novio! ¡No me gusta cómo me miran!
   —¡Está bien!
Y ella se pone delante de mí, caminando pegando su espalda a mi pecho y sosteniendo mi mano derecha. Yo paso mi brazo izquierdo por su cadera. Al parecer la vista es persuasiva, pues todo el revuelo se calma un poco al pasar junto a esa mesa.
De vez en cuando siento como su trasero se pega a mi. Cuando eso pasa intento separarme un poco, para que la hebilla de mi cinturón no llegue a enterrarse de manera brusca contra sus nalgas y pueda lastimarla, pero a ella parece no importarle. Llegamos a unas escaleras que tienen en los bordes muchos diodos emisores de luz neón, igualmente azul y blanco. Sin decir nada, ella comienza a subir, jalándome.
Arriba hay otra pista de baile, pero más pequeña. ¡Es un lugar grande! Tengo que admitirlo. Pero hay unas pocas mesas vacías, por lo que vamos con decisión a ganar una. Ella se suelta y corre los últimos metros para llegar primero, y yo voy a toda prisa tras ella para sentarme a su lado.
   —¡Bien! ¡Aquí estaremos bien!
Ella grita, animada, y vuelve a tomar mi mano. Al poco, una camarera se acerca.
   —¡Bienvenidos! ¿Puedo traerles algo?
Kathy responde a gritos.
   —¡Para mi novio una margarita! ¡Y yo quiero un cóctel rojo!
La camarera asiente y se va. Entonces doy dos pequeños toques a Kathy con mi mano atrapada sobre su falda para hablarle.
   —¡Oye! ¡Yo no quiero alcohol!
   —¡Vamos! ¡No va a pasar nada si bebes un poco! ¡Además, dije que te cuidaría!
Ella me saca la lengua, en un gesto juguetón. Entonces empieza a bailar moviendo los hombros un poco.
   —¡Vamos a divertirnos!
Me muevo un poco yo también, contagiándome de su ánimo.
   —¡No conocía este antro! ¡¿Vienes seguido aquí?!
   —¡De vez en cuando! ¡Pero es genial!
Ella se ve feliz. Aguarda mi mano entre las suyas como si fuera algo muy valioso, y sigue moviéndose al ritmo de la música. Supongo que podremos divertirnos mucho, tal como me prometió.
   —¡¿Qué ha pasado con esa chica?! —Pregunta ella.
   —¡¿Quién?! ¡¿Anna?!
   —¡Sí!
Es la chica en la que estuve interesado el mes pasado, y le había contado de eso a Kathy.
   —¡Pues, decidió que le gusta más estar sola!
Kathy resopla.
   —¡Pobre estúpida! ¡No sabe lo que se pierde!
Y aprieta mi mano un poco más. El calor de su tacto hace que empiece a formarse un ligero sudor, pero sé que ella no me soltará.
   —¡¿Y tú?! ¡¿Todavía te ronda ese Wilson?!
   —¡¿El melenudo ese?! ¡Lo mandé a volar! ¡Le dije que tú me gustas más!
Ella se ríe un poco.
   —¡Parece que le importaba más su cabello que otra cosa! ¡Lo tenía como una mujer!
Le sonrío mientras ella se ríe. Pero antes de poder darle importancia a lo que dijo sobre mí, la mesera llega con una bandeja y dos copas.
   —¡Sus bebidas!
   —¡Gracias!
Deja sobre la mesa una copa mediana con líquido oscuro, y otra más pequeña llena con un líquido rojo oscuro y lo que parece ser una cereza. Después se va. Kathy me da la copa mediana y levanta la roja.
   —¡Vamos a brindar, porque esta noche estamos juntos!
Tomo la copa, y ella choca la suya con la mía.
   —¡Salud!
Y le doy un trago. Percibo el sabor del refresco de cola y el alcohol diluido. Pero cuando considero que ya es suficiente, Kathy me empuja la copa para evitar que la baje.
   —¡Fondo! ¡Fondo!
Me atraganto e intento apartarla. La bebida se me escurre por las mejillas, mojando mi camisa, pero Kathy insiste. Por lo que no tengo más remedio que apresurarme a beber para no seguir ensuciándome.
   —¡Muy bien! —Dice ella y me quita la copa vacía de la mano.
   —¡No hagas eso! —Le digo a modo de reclamo. Veo también que ella apenas dio un traguito a su copa. La cereza sigue flotando.
   —¡Vamos, no pasa nada! ¡¿Eres un hombre, no?!
Me limpio con la manga la cara. Quizás si no vuelvo a beber en un buen rato, pueda controlarme.
   —¡¿Te gustó?! ¡¿Quieres probar la mía?!
Y me acerca su copa. Niego con la cabeza.
   —No...
   —¡Anda, solo un trago!
Y aunque intento apartarla, ella me toma la barbilla y me acerca la copa a los labios.
   —¡Pruébala!
Ella inclina la copa, y siento el sabor de su bebida. Es dulce. La cereza flota hacia mis labios. Cuando queda un poco en la copa, la baja y ella se lo toma.
   —¡Delicioso! ¡¿O no?!
Lo cierto es que sabe bien. La veo tomar la cereza del tallo, y me la acerca.
   —¡Tómala tú! ¡Te va a gustar!
Y muerdo la cereza. El sabor dulce intensifica el del alcohol en mi garganta. Kathy arranca el tallo de la cereza y se mete en la boca el extremo que había estado entre mis dientes.
   —Sabe bien...
Ella se acerca a mí para dejar de gritar tanto. Todo va a estar bien mientras que no vuelva a probar una sola gota de alcohol en la siguiente hora.
   —¿Quieres bailar un poco?
Dice ella acercando su cara a la mía. Veo sus ojos de cerca, y siento ligeramente su respiración en la cara. No deja de sonreír ni un solo momento.
   —Mmm... No... Si me pongo de pie ahora sería catastrófico...
   —¡¿Catastrófico?! —Levanta una ceja sin ocultar su intriga.
Asiento con la cabeza.
   —Me conozco. Si me agito demasiado o hago mucho esfuerzo físico luego de beber alcohol podría marearme y volver el estómago.
Ella resopla, intentando ahogar una risa, pero luego ríe abiertamente.
   —¡Es normal marearse cuando tomas! ¿Quieres otra? Yo invito.
Y con la mano llama a algún camarero, ya que varios deambulan cerca.
   —Kathy, no quiero beber más...
   —¡Anda! ¡Una más! Una — Levanta el índice mientras sus gestos son de petición. — Hazlo por mí.
Ella insiste. Pero me quedo callado. Entonces llega esta vez un camarero hombre.
   —¿Puede traernos una botella de vodka? 
   —¿Botella? Claro. — Dice el camarero. — ¿Alguna en especial?
   —Mmm... "Air dry" o "Force of the strongest" están bien.
He escuchado alguna vez en la televisión anuncios de esas marcas de vodka, pero nunca les he dado la atención necesaria, más que para saber que son marcas comerciales. El camarero asiente y se va.
   —Sé que te va a gustar... Además, no te preocupes si terminas demasiado borracho... Te dije que yo te cuidaría.
Eso es un golpe bajo a mi orgullo de hombre. Que tenga que ser cuidado por la chica que me invitó a salir... Es vergonzoso. Resoplo.
   —Ni hablar.
   —No va a pasar nada. Yo nunca te haría daño. Además, quiero que me abraces cuando venga ese camarero de vuelta. — Levanta mi brazo y se mete en el hueco debajo, dejándolo sobre sus hombros. La aprieto un poco. — Así está bien...
   —Pero... ¿Por qué quieres que te abrace?
   —Esta noche eres mi novio, ¿no? — Ella levanta la mirada a mi cara. — Y no me gusta que otros hombres me miren si estamos juntos. El camarero ese me miraba con dobles intenciones, me di cuenta. Así que quiero que me abraces fuerte cuando lo veas volver.
Me encojo de hombros.
   —Supongo que puedo hacerlo.
Ella sonríe complacida y se acerca a mi cara.
   —Gracias, eres muy lindo. Mmmmuuuaaaa! — Me da un beso haciendo ese sonido onomatopéyico en la comisura de la boca. Después se recarga en mi pecho.
La música que resuena en el lugar produce un buen ambiente festivo. Miro brevemente a la pista, donde hombres y mujeres bailan animadamente. Pero divago en mis pensamientos, pensando que Kathy está más cariñosa de lo normal, mientras el alcohol circula por mi torrente sanguíneo y comienza a hacer efectos en mi. Mi conciencia se eleva, haciéndome percibir mejor cada pequeño detalle de mi alrededor. La pareja que baila más próxima a nosotros lleva una perfecta sincronía, pero él la mira a ella como si no tuviera ojos para ver algo más. Eso, además de la forma en que sonríe y el modo especial en que la toma en sus brazos me hacen pensar que a él le gusta. ¿Puede ser? Conjeturaría que sí, aunque no conozco de nada a ninguno. Me quedo viendo un rato esperando algún beso, ya que ambos podrían ser novios, pero nada. En lugar de eso, un tierno abrazo donde ella desaparece en el pecho de él por un momento, y luego se van a una mesa. Concluyo que él está intentando cortejarla. Oye amigo, no lo haces mal. No desistas, parece que a ella le agradas. Pero llega más gente a la pista y los pierdo de vista. Esta vez hay un grupo de chicas bailando de manera sexy. Se nota que también se han alcoholizado, pero se divierten. Miro complacido cómo se mueven. También me doy cuenta que, en las mesas contiguas, la mayoría de los hombres las miran también. Sonrío un poco al pensar que quizás parecemos leones acechando antílopes que pastan en la pradera, ocultos en la maleza, esperando el momento oportuno para atacar mientras bendecimos la mesa por el festín a la vista. Pero no podría acercarme. Kathy me lo impediría.
Vuelvo a ser consciente de ella cuando siento una de sus manos en mi pierna. Ella presiona brevemente y luego mueve la muñeca, para contraer sus dedos y hacer una leve caricia. La escucho suspirar, pero no puedo verle la cara. 
   —¿Qué pasa?
   —Pues... Estoy pensando... En nosotros.
   —¿Nosotros?
   —Sí... Pienso que deberíamos vernos más seguido. Me gusta estar contigo...
Y levanta la cabeza. Al fin nos vemos a los ojos, pero también está demasiado cerca de mi. Ella se está tomando en serio esto de fingir ser novios...
   —¿Qué piensas tú? — Dice ella. Puedo sentir su aliento en la cara.
   —Pienso que deberíamos divertirnos, ya que estamos aquí. — Le sonrío. — Solo no me hagas beber más, ¿está bien?
   —Eso no es divertido.
Pero desvío la mirada de sus ojos hacia la inconfundible figura del camarero que se aproxima. Con el uniforme que llevan, resaltan fácilmente entre la multitud. Es el mismo, y lleva en una bandeja varias botellas y un pequeño cubo de aluminio. Cuando ya está casi frente a nosotros, pongo una mano sobre la de Kathy en mi pierna y ella voltea.
   —Perdonen la tardanza... Aquí está su pedido.
Con movimientos hábiles deja en la mesa dos vasos, el cubo que contiene hielo y una pinza para servirlo, y las botellas. La más larga y de vidrio lleva estampado la leyenda "Atrévete a descubrir la fuerza de tu interior... Atrévete a abrir las puertas internas de tu ser. FORCE OF THE STRONGEST." A su lado deja una más pequeña de plástico. Es agua mineral. También otra mediana que parece ser refresco. Luego recoge las copas vacías de las bebidas anteriores.
Cuando se va, me doy cuenta que Kathy tenía razón. Le echa una ojeada breve para no ser tan obvio, y eso me hace sentir una punzada en el estómago. ¿Pero qué es?
Kathy parece no darse cuenta. Libera su mano de la mía y empieza a preparar los vasos.
   —Dijiste que debíamos divertirnos, pero no es divertido si no bebemos, así que vamos a vaciar esta botella juntos, ¿está bien?
Pero antes de darme cuenta ya ha terminado de preparar un vaso, y pone un poco de alcohol en el otro, para luego llenarlo a la mitad con el agua y el resto con el refresco. Me gustaría pedir ese, pero me da el otro.
   —Toma. ¡Salud!
Y choca su vaso con el mío. Intento imaginar cuánto alcohol le ha echado al mío mirando la botella abierta, pero me apura a beber.
Al probarlo, no percibo el sabor a alcohol. Predomina el del refresco a cítricos. Pero otra vez me sostiene el vaso hasta que lo vacío.
   —¡Muy bien! — Aplaude. — ¿Ves cómo no pasa nada?
   —No sabe a alcohol... — Y bajo el brazo de su hombro para alcanzar la botella, pero protesta.
   —¡Abrázame! No quiero que me sueltes...
Y mientras tomo la botella con la otra mano, esta vez ella pasa mi brazo por su espalda, dejándolo en su cadera.
   —Me gusta más así... ¿Quieres otra?
   —Espera...
Intento leer la etiqueta, pero me arrebata la botella y esta vez veo como la pone de cabeza en mi vaso vacío para verter un considerable chorro en él.
   —Oye... No quiero beber tanto...
   —¡Pero dijiste que no sabía a alcohol!
   —Aún así... — Y le pongo varios cubos de hielo, que repiquetean en el brazo. Quizás, si consigo diluir el agua, no esté tan concentrado.
Luego le pone el agua mineral y finalmente lo llena con el refresco.
   —Hasta el fondo. — Dice cuando me da el vaso.
   —¡Oye! Tú no has tomado nada! — Señalo su vaso que parece intacto. — Si yo me lo tomo al fondo, tú también debes hacerlo.
   —Mmm... Está bien. Pero hasta el fondo, ¿eh? — Toma con decisión su vaso. — ¡Salud!
Y empieza a beber. Yo doy solo un trago y aparto el vaso de mis labios para evitar que vuelva a sostenerlo. Pero, aunque he visto que estaba casi a la mitad de alcohol, sorpresivamente no sabe a alcohol. Veo cómo ella sí ha bebido hasta el fondo, y al terminar, se da cuenta que no hice lo mismo.
   —¡Eso es trampa! ¡Dijiste que hasta el fondo!
   —Ya me he tomado dos de esa manera.
   —¡Pero lo haríamos juntos! ¡Entonces yo voy ganando!
Levanto una ceja.
   —¿Ahora es un juego?
Se ríe, juguetona.
   —¿Por qué no? Vamos a ver quién se puede acabar la botella. Hagamos... — Piensa un poco. — ...rondas de fondo, a ver cuantos fondos aguanta cada quien, y quien falle será castigado. Entonces, tú fallaste ahora, así que de castigo tienes que tomar de la botella.
La levanta, dispuesta a ponerla en mi boca.
   —Pero se va a acabar...
Con una mano sostiene la botella y con la otra me levanta la barbilla, para abrir mi boca.
   —Aaah...
Mi boca se abre, y ella voltea la botella para hacer que el vodka caiga sobre mi lengua. Me apresuro a tragar. El sabor es muy tenue, pero sigo bebiendo. Luego de un rato ella baja la botella y la deja.
   —¡Bien! Ahora, tienes que acabarte este. — Y me quita el vaso de la mano. — Si no, no podemos seguir jugando...
   —Espera...
Pero es inútil. Ahora es ella quien me sostiene el vaso en los labios. La bebida fría se siente bien, por alguna razón. Veo su cara complacida mientras me hace beber hasta el fondo. Al final solo quedan los hielos.
   —Perfecto... — Y se dispone a preparar de nuevo los vasos. Me doy cuenta que ya va más de la mitad de la botella.
   —Kathy... Espera...
Comienzo a sentirme mareado. Involuntariamente pongo una mano sobre su muslo, en la parte que su falda no alcanza a cubrir, y miro al suelo, pero me doy cuenta que se sonroja.
   —¿Qué pasa?
   —Mmm... Quiero... Ir al baño...
Es cierto. Pero me da vértigo levantarme. 
   —¿Estás bien?
   —Creo... Que ya estoy borracho...
   —Está al fondo, al otro lado de la pista. — La oigo decir. Hay un tono especial en su voz, aunque no puedo saber qué es. — ¿Quieres que te acompañe?
   —¡No! No... — Levanto la vista de golpe, avergonzado. — No soy un bebé...
   —A mí no me importaría...
Hay un tono rojizo en su cara que incrementa su belleza. Pero las necesidades de mi vejiga se hacen más grandes con cada segundo que pasa, por lo que me levanto de golpe.
   —Ahora vuelvo...
Como lo esperaba, siento el piso moverse. Veo claramente lo que hay a mi alrededor, pero no alcanzo a pensarlo con claridad. Lo último que veo bien es la sonrisa de Kathy. Pero me concentro en mi respiración, y así consigo caminar por la orilla de la pista. La música hace que el suelo y el techo retumben. A paso lento voy encaminando mis pasos hacia la puerta donde hay una luz blanca estable dentro. 
   —Un poco más, vamos...
Paso junto a la mesa donde están sentadas algunas de las chicas que habían estado bailando antes. Y finalmente estoy en la puerta. Al entrar, todo está perfectamente iluminado por la luz blanca del techo. Hay un sujeto dentro, el cual me hace una seña con el brazo, indicándome el camino. Lleva en el otro una especie de toalla blanca. Paso a su lado para encontrar los mingitorios, donde por fin encuentro el alivio. A mi espalda hay cubículos con puertas donde seguramente hay retretes, ya que algunos parecen ocupados. Durante el tiempo que estoy ahí entran y salen otros hombres. Al fin me dirijo al lavabo y me alegro de que haya agua para lavarse las manos. El tipo de la toalla me pone a un lado un pedazo de papel para secarme.
   —Gracias...
Veo mi reflejo en el espejo. No estoy seguro si me veía así al salir de la ducha, pero el aire acondicionado que me da en la cabeza se siente bien. Sonrío y me dan ganas de reír. Mientras me seco las manos con el papel se me escapan unas risotadas. Al hacer con el papel una bola y caminar a la salida el tipo ese me indica el cesto de la basura, donde hay al lado una caja de madera con monedas. Arrojo la bola de papel al cesto y saco rápidamente la cartera. Busco una moneda al azar y la dejo ahí.
   —Muchas gracias.
Le sonrío al sujeto ese de la toalla en respuesta, y paso a su lado al salir. Entonces veo una puerta sobre el mismo muro, solo que un poco alejada. Me imagino que es el baño de mujeres, ya que salen dos chicas. Y también veo unas máquinas en la pared, a mitad de distancia entre ambas puertas. Me acerco con curiosidad a ver, y me parece que son expendedoras de dulces. Pero al estar de frente veo la realidad. En el letrero dice "Condones."
¿Así que puedes ir al baño a tener relaciones sexuales? Pero en el de hombres estaba el sujeto ese, no creo que fuera fácil entrar con una chica... Pero no sé si en el de mujeres haya alguien también ahí. No le doy importancia. Al voltear hacia la pista, buscando el camino de regreso, veo de lejos a Kathy, quien me hace una seña. Le sonrío e intento controlar el mareo mientras voy de regreso con ella.
   —¡Mi amor! Has tardado un poco... — Dice ella cuando consigo llegar a la mesa.
   —¿Mi amor?
Pese al mareo, sé que me estoy ruborizando. Pero ella asiente.
   —Esta noche eres mi novio, ¿lo has olvidado?
   —¡Ah! Es cierto... Mi amor...
Le sigo el juego, riendo un poco. Me siento pesadamente en mi lugar. Pero me parece muy gracioso la idea de fingir que somos pareja, y me empiezo a reír sin control. Kathy también intenta reírse.
   —¿Qué pasa, mi amor? ¿Qué es tan gracioso?
   —Pues... — Digo entre dientes. — Nada...
Pero sigo riendo. Estoy ebrio, es un hecho. Sentir el vértigo de ver todo a mi alrededor girar sin control, reír sin saber por qué ni poder controlarlo... Al poco siento ganas de orinar otra vez, pero no dejo de reír.
Kathy me toma las manos.
   —¿Quieres seguir jugando?
   —¡¿Jugar?! ¿A qué estábamos jugando, mi vida? ¡Ah, ya sé! ¡A que te daba un poco de alcohol en la boca!
Tengo muy claro lo que tengo que hacer. Llenarme la boca con el vodka, y después dárselo a Kathy directamente de boca a boca, como si fuera respiración... Es algo normal, ¿no? Después de todo, si por esta noche somos novios, no hay nada de malo, ¿no?
Recojo la botella y la abro.
   —Ven...
Kathy está roja, pero se acerca. Me llevo la botella a los labios, y sin querer le doy unos tragos. Resoplo y finalmente consigo mantener el alcohol en la boca. Entonces la jalo para acercarla, y al ver sus labios cierro los ojos. Muevo mi cabeza al frente, en busca de su boca... Y aquí está. Sus labios cálidos y suaves se encuentran con los míos, y al abrir la boca, el líquido escurre. La escucho resoplar, y cuando he terminado de vaciar mi boca, me separo.
   —¡Me mojaste toda!
Al abrir los ojos veo que, efectivamente, tiene el cuello mojado. Ella intenta limpiarse con una servilleta que hay por ahí, pero sigue colorada.
   —Lo... ¡Lo siento! No lo... Hice a propósito...
Y vuelvo a reír. ¡La mojé toda! ¡La mojé toda, joder!
   —Ese fue... Nuestro primer beso...
   —¿Ah? ¿Qué estás diciendo? — Le pregunto, ya que no alcanzo a entender lo que dice. 
Niega con la cabeza sin dejar de sonreír.
   —¡Nada! ¡Qué estoy muy feliz gracias a ti!
Y de la nada me abraza. Intentando abrazarla también, mis brazos palpan buscando su espalda, pero en el camino siento uno de sus pechos. Sin embargo, no le doy importancia y finalmente encuentro su cadera con ambos brazos.
   —¿Quieres bailar?
   —¿Bailar? ¡Yo no sé bailar!
Y me dan ganas de reír otra vez, pero ella se separa.
   —¡Vamos!
Me toma de las manos y la dejo hacer. Cuando me doy cuenta, estoy con ella en medio de todos los que bailan. Ella se abraza a mi cuello y siento sus labios en los míos. Cierro levemente sus ojos, pero veo su cara con los ojos cerrados. Es ella quien me mueve a placer...
   —¿Quieres que nos vayamos?
   —Quiero... ¡Quiero orinar!
Ella hace una expresión que no sé describir, pero la siento jalarme de la mano entre la gente. Al poco estoy de nuevo ante la puerta y la luz blanca. Veo que el tipo de la toalla me ayuda a llegar al lugar correcto, y de repente tengo mucho sueño. Al lavarme las manos otra vez siento que quiero dejarme caer en el suelo y dormir...
Apenas si puedo mantener los ojos abiertos. Kathy me lleva de la mano, pero no puedo saber qué pasa a nuestro alrededor. La escucho hablar, pero no entiendo lo que dice. Cada vez tengo más sueño.
   —Quiero... Dormir...
   —No te preocupes, pronto podrás dormir...
   —Tengo sueño...
De pronto dejo de oír la música y siento aire frío, golpeándome la cara. También las luces han cambiado. Ya no se mueven ni son de colores, sino que son naranjas y se mantienen quietas en lo alto. Kathy sigue a mi lado sin soltar mi mano.
Una puerta se abre, tras la que hay un hombre calvo y más viejo que nosotros, el cual habla con Kathy de algo. Le da una cosa y ella me lleva consigo. Otra puerta se abre, y veo una cama. Mi único pensamiento es recostarme y dormir...

   —Raoul, despierta...
Siento que alguien me agarra la cara. También siento cosas en los labios.
   —Mmm...
No quiero despertar, pero lo que hay en mis labios insiste, y abro los ojos. Veo a Kathy encima de mi.
   —Despertaste...
   —¿Kathy? ¿Qué pasó?
Intento mirar alrededor, pero todo se mueve. Todo gira, y me da náuseas. No quiero verlo. Cierro los ojos, y siento otra vez esa sensación suave y cálida en los labios.
   —Te ves lindo cuando duermes... Pero no te duermas. Vamos a divertirnos...
Vuelvo a abrir los ojos, y veo a Kathy con los ojos cerrados besándome.
   —Kathy, ¿qué estás haciendo?
Ella se separa.
   —¿Tú qué crees que estoy haciendo?
Y vuelvo a sentir sus labios. Pero muevo la cabeza para apartarla.
   —No, Kathy...
Iba a decirle "quiero dormir" pero siento como se acomoda encima de mí.
   —¿Todavía te sientes ebrio?
   —Mmm... Todo... Me da vueltas... Es horrible. ¿Dónde estamos?
   —Es un motel, y sólo podemos estar aquí seis horas, de las cuales, llevas una durmiendo. Me quedé viéndote, pero decidí despertarte para hacer lo que quiero hacer...
Se levanta un poco y comienza a abrir los botones de su camisa.
   —Me siento feliz de que mi primera vez sea contigo...
Poco a poco sus senos van apareciendo en mi vista. Es la primera vez que la veo así. Al parecer, no lleva sostén, ya que no hay rastro de él.
   —¿Te gusta? 
Se vuelve a recostar sobre mí para besarme. Siento claramente sus pechos aplastarse contra mi tórax, poco arriba de mis costillas. También percibo sus manos abriéndome la camisa.
   —Mmm... Eres una mañosa... 
Me aparto de su boca, pero siento sus manos bajar por mi abdomen hacia mi cinturón, y luego más abajo, en un franco manoseo sobre mi pene.   
   —Oye... Me emborrachaste solo... Para abusar... De mí...
Pero no habla. Silenciosamente me mira mientras continúa sus caricias con ambas manos sobre mi pene por encima del pantalón.
   —No... Hagas eso...
Mi pene crece en respuesta a sus caricias, y ella me da un beso, ante el cual no puedo hacer más que responder. Percibo el deseo en sus labios y sus manos mientras mi pene se endurece bajo mi ropa. Pero no tengo control sobre mi cuerpo. Tengo los brazos extendidos hacia los costados, y los siento increíblemente pesados. También, si abro los ojos, vuelve esa sensación de vértigo por verlo todo girar alrededor, por lo que los mantengo cerrados. Pero abrí la boca en reacción al contacto de sus labios... Y siento su lengua tocar la mía. Pero se siente bien. Intento corresponder a su beso de la mejor manera que me es posible.
   —Apenas... Si puedo creer... Que esto es real... — Dice ella al separarse de mi boca, justo cuando empezaba a disfrutar de sus labios. — Tu me gustas desde que te conozco, pero no tenía el valor de decírtelo...
De pronto ella se sienta sobre mi erección, aplastando mi pene con todo su peso. Así puedo ver mejor que se ha abierto la camisa y que efectivamente no lleva sostén. También, su falda se levanta de forma sexy, descubriendo sus piernas...
   —Sí, tienes razón, soy una mañosa. Había planeado todo esto, pero resultó mejor de lo que esperaba... — Sus manos recorren mi tronco, subiéndome la camiseta para descubrir mi abdomen, y finalmente siento sus manos. — No esperaba que me besaras tú primero... Pero eso me dio confianza para seguir... Y ahora estamos aquí...
Acaricia mi abdomen y mi pecho con las manos. La camiseta se ha enrollado poco debajo de mi cuello, dejando al descubierto mi cavidad abdominopélvica, la cual ella recorre con ambas manos.
   —Voy a hacerte mío... Esta noche no me importa nada más que estar contigo. Si mañana me odias, o decides denunciarme por violación, no me importa. — Baja sus manos a mi cinturón y empieza a abrirlo. — Si voy a dejar de ser virgen, quiero que sea con el chico que me gusta...
Lentamente abre mi pantalón. Veo sus expresiones mientras va descubriendo mi ropa interior, y finalmente la siento bajar mis bóxers para liberar mi pene erecto. Suavemente lo toma con las manos.
   —Increíble...
   —Kathy, no... — Cierro los ojos y consigo mover los brazos. Mis manos se encuentran con sus rodillas. Tengo ganas de seguir durmiendo y estoy mareado. En realidad no me siento excitado, aunque mi cuerpo reaccione a los estímulos.
Percibo sus caricias. Al parecer, sabe lo que debe hacer, ya que desliza mi prepucio sobre mi glande de arriba abajo con las dos manos, masturbándome. 
   —¿Lo estoy haciendo bien?
   —Kathy...
Abro los ojos. Sin duda lo está haciendo bien, aunque si acelerara un poco quizás sería mejor. Intento moverme pero ella sigue.
   —Kathy... ¿Por qué...?
Ella habla mientras sigue con las caricias.
   —La historia es larga, pero procuraré ser breve. Cuando ingresé a la universidad tenía expectativas por conocer un chico que fuera de mi agrado para ser mi novio. Entre mis compañeros de clase yo era popular, pero ninguno me convencía. Después, decidí buscar en otras clases, y entonces te vi. Me llamaste la atención, ya que físicamente eres lo más cercano a mi chico ideal... Quiero decir, que me gustaste con solo ver tu cara. Pero naturalmente, no tenía oportunidad de que te fijaras en mí si no conseguía acercarme. Así que tuve que esperar un año hasta que pudiera inscribir otras asignaturas, esperando coincidir contigo en las aulas. Y sí, durante ese año fui tu admiradora secreta...
Empieza a ser placentero sentir sus manos, reduciendo con ello el mareo.
   —Te seguía a todas partes, procurando cruzarme contigo en los pasillos o la cafetería, intentando llamar tu atención... Pero no tenía garantías de que me hubieras notado, ya que nunca me hablabas. A veces conseguía ir contigo en el mismo autobús, justo al lado tuyo, pero siempre fue más importante para ti leer...
Pienso que lo que dice debe ser verdad, ya que suelo leer siempre en el transporte, y a propósito ignoro a todos a mi alrededor con el libro que lleve.
   —Sin embargo, gracias a mi acoso constante pude conocerte un poco. Sé que te gusta la literatura de terror. Lovecraft te apasiona, ¿no? — Ella sonríe, y yo me siento sorprendido, ya que es cierto. — Me gustaba verte sonreír mientras leías, y también me gustaba soñar que algún día ibas a darte cuenta de mi existencia... — Suspira. — Y comenzó este año de clases. El primer día lo pasé buscándote, y así pude obtener tu horario de clases. Me hizo muy feliz que podía saber dónde podía encontrarte a la hora que fuera durante el día. Entonces, entré a la clase donde nos conocimos, y establecí nuestro primer contacto. Me sentí dichosa la primera vez que sentí tus labios en mi mejilla, y decidí hablarte más. Pero apareció ella... Y yo me moría de celos, pero nunca dije nada.
Obviamente se refiere a mí conquista fracasada, Anna.
   —Todavía hoy tenía mis dudas de hacer esto, porque no estaba segura que ya no tuvieras nada que ver con ella... Pero la fortuna está de mi lado. Y quiero aprovecharlo.
Se recuesta sobre mí para darme otro beso. Lo correspondo, pero ella baja a mi pecho, dejando un camino de besos hacia abajo.
La dejo hacer. Hace tiempo que no tengo sexo con una chica, y sentir sus labios bajar por mi abdomen no es tan malo. El masaje de sus manos ha despertado mi excitación un poco.
   —Me gusta... Tu olor...
La escucho decir mientras siento su nariz y labios cerca de mi ombligo. Ella sigue yendo hacia abajo, y finalmente siento sus labios en mi erección.
   —Eres... Increíble...
La siento tratar con cariño mi pene erecto, usando sus labios y sus manos. Resoplo.
   —Joder, Kathy... Si no estuviera ebrio... Yo tendría el control...
   —Tal vez — Escucho cómo se interrumpe para hablar. — Pero yo soy quien lo tiene ahora... — Siento sus labios otra vez. — Así que... Solo disfruta de mi boca...
   —Aah... Kathy...
Gimo al sentir cómo se mete mi pene a la boca. Ella sabe cómo hacerlo... Cierro los ojos. Las caricias de sus labios y su lengua en mi pene son placenteras. Pero intento pensar un poco...
¿Mi admiradora secreta? No se me hubiera ocurrido tal cosa... Pero ella parece obsesiva. ¿Cuántas veces consiguió estar a mi lado en el transporte? Tampoco tengo la más remota idea de dónde más pudo haber estado junto a mí sin que me diera cuenta.
Pero el placer me distrae de mis pensamientos. Sin poderlo evitar, mi instinto me hace empezar a jadear.
   —Kathy.. Lo haces... Muy bien...
   —Mmm... ¿Te gusta? — Al escucharla hablar las caricias de su boca cesan. — Hace un rato que... Está saliendo algo salado de la punta... — Siento su lengua justo en la punta del pene. — No sé... Al principio no es muy agradable, pero... Parece que te gusta...
Y vuelvo a sentir el calor de su boca envolviendo mi pene. Recuesto la cabeza y cierro los ojos, disfrutándolo. Estiro los brazos y consigo sentir su cabello con las manos.
   —Kathy...
Ella se vuelve a interrumpir.
   —Mmm... Hay dos opciones, mi amor. — Ella levanta la cabeza. — ¿Quieres que siga hasta que acabes? ¿O me monto en ti de una vez?
Mi pene erecto está justo al frente de su cara, pero ella me mira sonriendo mientras lo sostiene con sus manos.
   —Hazlo... Más fuerte...
   —Okey...
Y la veo volver a inclinarse. Empieza a chupar un poco más fuerte, haciéndome jadear.
   —Aah! Kathy... 
   —Mmm?
   —Quiero... Venirme en tu boca...
Ella chupa con más ritmo y fuerza, mientras que una de sus manos baja a hacer caricias a mis testículos. El placer me hace mover la cadera, buscando con el pene el encuentro de su boca. Solo se escuchan mis jadeos y el ocasional ruido de su boca al chupar. Pero la excitación ha hecho que el mareo haya disminuido casi del todo.
   —Aah... Kathy... Kathy eres genial... No tenías... Que emborracharme... Para hacer esto...
Estoy recuperando el control de mi cuerpo. Mi cadera se mueve al ritmo de su boca. Meto los dedos en su cabello, en una caricia suave. En ocasiones la escucho tragar. Seguramente su saliva mezclada con mi líquido preseminal...
Me dejo llevar por el placer, y eso me hace sentir el orgasmo acercarse. Mis testículos comienzan a contraerse, preparándose para descargar.
   —Kathy... Estoy a punto de venirme... — Me escucho decir con un gemido. — No pares, por favor... No pares...
Me parece sentir su sonrisa, y acto seguido chupa más fuerte, provocando que mis testículos se contraigan con más fuerza. El orgasmo está a su punto. Solo un poco más...
   —Aah... Aah... Mi amor... Kathy... Te quiero... Aah... Aah... Aah! Aah! Aah! Aah sí!! AAH!! AAAHH!! 
Mis gemidos se salen de control cuando el orgasmo me sorprende. Siento como eyaculo dentro de su boca, y la detengo de la cabeza para evitar que se levante, pues tiene clara intención de hacerlo. Vuelvo a empujar mi pene hacia dentro de su boca y al fin termino de descargar. Luego de todas las tensiones musculares del clímax en mis nalgas, mis piernas y mi espalda, al final me quedo quieto sobre la cama, todavía jadeando, y la suelto. Ella se levanta, y me parece que mastica algo.
   —Mmmgggh... Es... Viscoso, y huele mucho a pescado... Además está caliente...
Abre la boca para mostrarme su lengua llena de mi semen.
   —¿Me lo trago?
Asiento con la cabeza, todavía jadeando un poco. Ella se incorpora por completo y la veo mover su garganta mientras traga. Luego hace unas pocas muecas.
   —Demasiado salado...
Y me muestra de nuevo su lengua, en la cual ya no hay rastro de semen. 
   —No sé, fue extraño... Nunca lo había hecho, pero has sido tú...
Ella sonríe y me acaricia un poco el abdomen.
   —Puedes mejorar. Seguro que la próxima vez lo harás mejor...
La sorpresa y emoción se reflejan en el rojo de su cara.
   —¿Próxima vez?
   —Seguro... — Le sonrío. — Ahora, quítate la ropa y ven aquí arriba... Mientras aún estoy caliente...
Ella sonríe, pero me parece detectar cierta duda e intriga en su cara. La veo sacarse la camisa. No llevaba sostén, ya que aparecen sus senos al aire. Son lindos. Luego la veo abrirse la falda.
   —Detesto... No ser yo quien te quite la ropa...
Parece que todo lo que digo la afecta de alguna manera especial, pues el rubor de su cara no cesa.
   —Mmm... No estoy muy segura... ¿Realmente importa si eres tú o si soy yo?
   —Por supuesto. — Le digo decidido mientras se quita la falda. Sus piernas también son exquisitas. — Si fuera yo, te haría sentir muchas cosas mientras lo hago...
Deja la falda por ahí. Ahora solo tiene las bragas. Ella es hermosa. Se levanta sobre sus rodillas y, todavía indecisa, se baja lentamente las bragas.
   —Prométeme algo. — Le digo cuando aparece su vello púbico ante mi vista.
   —¿Eh? — Sorprendida, se vuelve a poner roja y detiene sus bragas. — ¿Qué cosa?
   —No vuelvas a emborracharme para hacer esto... — La miro a los ojos. — El sexo es más divertido si se hace entre dos...
   —Ejejejeje... — Suelta una risita nerviosa. Pero luego agrega. — ¿Entonces, no vas a denunciarme por violación?
   —Claro que no. Lo que hiciste fue bueno, ya que me convenciste de hacerlo contigo. Propiamente, no es violación... Pero desnúdate ya, déjame verte.
Ella sonríe, aún nerviosa, y se baja las bragas. Veo con deseo como recorren sus muslos... Y finalmente está desnuda.
   —Eres muy hermosa... — La recorro con la mirada.
   —Bueno, ahora...
   —Ven aquí. — Le digo con deseo. — Debes estar encima, por ahora...
Me doy cuenta que se ve agitada, nerviosa, emocionada, por ser su primera vez, pero de buena gana accede y pasa una pierna encima de mi. Luego se acomoda sobre mi cadera y la jalo para acercarla.
   —Dame un beso...
Roja, finalmente se recuesta sobre mí y yo la beso. Paso mis brazos por su espalda, sintiendo su piel con las manos. También siento su vello púbico con la cadera y el pene. Ella corresponde mis besos. Siento sus pechos un poco sobre mi tórax también, y decido quitarme la ropa.
   —Ayúdame... Quiero quitarme la ropa...
Haciendo un esfuerzo, hago que se siente sobre mi cadera, y siento cómo su peso aplasta mis testículos, pero no le doy importancia. Consigo sentarme y forcejeo en sacar los brazos de las mangas de mi camisa. Ella quería seguir besándome, pero al final me ayuda a hacerlo. Es ella quien libera mis brazos y luego saca mi camiseta por mi cabeza. Ahora los dos estamos desnudos, y vuelvo a recostarme sobre la espalda. Ella me mira sonriendo.
   —Me gustas mucho... —Siento sus manos acariciándome el abdomen y subiendo a mi pecho. — Eres increíble...
Alargo los brazos para tocar sus piernas. Suavemente recorro sus muslos.
   —Tú también eres hermosa... Y ahora eres solo mía.
Otra vez se pone colorada.
   —¿Tuya?
   —Sí... ¿O no te gusta?
   —¡No! ¡Sí! — Se vuelve a recostar sobre mí. Esta vez puedo sentir sus senos sobre mis costillas, piel con piel, y percibo su nerviosismo y excitación, todo a la vez. — Me gusta que seas tú...
Volvemos a besarnos. Pero esta vez estamos conectados, en sincronía. La abrazo y acaricio su espalda desnuda. Ella tiembla y gime un poco. Muevo mi cadera para restregar mi pene erecto contra ella, y ella se mueve también en respuesta. Las caricias y los besos hacen que nuestro calor corporal vaya en aumento. Entonces me interrumpo.
   —Vamos... No puedo esperar... — Veo sus ojos de cerca. — Quiero entrar en ti...
¿Qué tan roja puede llegar a ser su cara? No lo sé. Pero el rojo viene y va de sus mejillas con cada palabra mía. Ha sido así desde el principio. Besa mis labios suave y luego mi cuello.
   —Mmm... Vamos...
Finalmente deja su boca y se levanta. Desliza sus manos por mi cuerpo hasta mi pene erecto, el cual vuelve a tomar con ambas manos, y lo pone en posición vertical.
   —Solo... Debo sentarme, ¿verdad?
Está nerviosa. Pero sé que se prepara para la penetración. Me mira insistentemente.
   —Sí... Vamos despacio.
Alcanzo a tocar su cadera, intentando atraerla. Ella se acerca a la punta, y siento sus labios vaginales.
   —Despacio... No tengas miedo. Tú llevas el ritmo.
Asiente y se empieza a sentar. Siento la suavidad de su vagina mientras va haciéndome entrar. Respiro con la boca abierta. Ella gime.
   —Te siento... — Gimotea. — Estás... Increíblemente enorme... Creo que... Voy a romperme...
Acaricio sus piernas. Pero me siento impaciente. El glande ya ha entrado, y solo quiero empujar al fondo y mover la cadera, pero las expresiones de su cara me indican que ella no siente lo mismo. Hay una ligera expresión de dolor.
   —¿Qué pasa?
   —Me arde un poco... — Dice ella. — Siento como... Me vas abriendo... Mmmh!
Aprieta los dientes.
   —¿En serio es tu primera vez?
   —S...sí...
Respiro hondo para tratar de controlarme.
   —Vamos, todo está bien. — Le sonrío y aprieto su muslo con la mano. — Es normal si te duele un poco, pero sólo será al principio. Después te va a gustar mucho hacer esto...
Yo estoy impaciente por sentirla, entrar en ella y tomar su virginidad. Pero ella se refrena por el dolor y la experiencia de la primera vez. Está a medias sentada sobre mí, recargando ambas manos cerca de mi ombligo para sostenerse. Sus senos cuelgan deliciosamente. Se me ocurre una idea.
   —No intentes que entre todo a la primera. Muévete así... Y poco a poco déjame entrar un poco más...
   —¿Cómo?
Mi impaciencia aumenta.
   —Sí... Digamos que solo llego hasta ahí. Entonces, muévete tú. Se supone que debo entrar y salir... Así que ya entré. Ahora hazme salir... Y repite.
Se impulsa hacia arriba, pero lo hace brusco, y me hace salir por completo.
   —Lo siento...
Vuelve a acomodar mi pene en sus labios vaginales, y volvemos a comenzar. Es una tortura para mí no poder entrar al fondo de una vez... Pero ella no deja de gemir.
   —Ven... Quizás unos besos te ayuden...
Jalo uno de sus brazos, pero al sacarla de su equilibrio ella cae sobre mi pecho y gime al sentirme entrar más allá que antes. La abrazo para evitar que se levante. No he entrado por completo, pero ya no es solo la punta. Busco su boca y me muevo levemente, haciéndola gemir.
Su interior es deliciosamente estrecho, y lentamente comienza a humedecerse. Nunca había estado con una chica virgen. Alexis no era virgen cuando me hizo hombre a los 17, y mis siguientes parejas tampoco lo eran. Pero Kathy lo es, y soy yo el primero en su vida...
¿Realmente estará tan enamorada de mí como insinúa? El hecho de calcular los encuentros, nuestro acercamiento, sus eventuales contactos amistosos, y ahora esto, lo hacen parecer un plan bastante elaborado. Mientras la abrazo por la cadera, entrando al fin por completo, reflexiono que debe ser el caso. Una chica perseverante y muy tenaz, que ha conseguido lo que buscaba... Creo que vale la pena estar con una chica así.
Ella me muerde los labios y gimotea.
   —Me duele...
   —Tranquila... — Le doy besos tiernos. — El dolor pasará. Disfrútalo, porque no volverás a sentirlo luego de hoy.
Recorro con las manos su espalda, sintiendo el vello que la cubre. Bajo mis manos a su cadera y la ayudo a moverse a mediana intensidad. Ella no deja de gimotear pero tampoco de besarme. Sus manos me acarician el pecho insistentemente, revelando su inexperiencia. Enfrentarse a cosas nuevas implica no saber qué hacer, y al probar a hacer algo, es normal tender a repetir lo mismo una y otra vez. Pero no es que me desagrade sentir sus manos. Ya habrá tiempo para que ella descubra la forma de usar sus manos en mi cuerpo.
Entre tanto, al jadear con su boca voy aumentando el ritmo de su cadera con mis manos. Eso aumenta también la humedad, y por lo tanto el placer. Nos movemos un poco rápido, y ella comienza a jadear. Parece que el dolor está dando paso al placer.
   —Aah... Raoul... — Dice ella contra mi boca. — Esto... Es increíble...
No se queja más. Ahora está disfrutándolo. Por lo tanto, ya no tengo que contenerme. Bajo mis manos a sus nalgas y las aprieto, moviéndola rápido. Un rechino de la cama acompaña sus jadeos.
   —Levántate... — La empujo un poco para separarla de mi boca. — Muévete tú... Disfrútame... 
Apoya sus manos en mi pecho para levantarse un poco, y comienza a saltar sobre mí. El aire se llena de nuestros jadeos.
   —Aah... Mi amor... Muy bien... Ya lo... Entendiste...
   —Raoul... Raoul, te amo...
Ella dice eso mirándome con una cara llena de placer.
   —¿En... Serio?
   —Sí...
Cambia de posición. Al parecer le resulta más cómodo sentarse en mi cadera, poniendo su espalda verticalmente, sin dejar de sostenerse a mi abdomen con las manos. Estiro las manos para tomar con ellas sus senos, los cuales se mueven guiados por la gravedad hacia arriba y hacia abajo.
  —Es genial... Tenerte cabalgando...
Sus pechos son ligeramente más grandes que mis manos. Una pequeña porción sobresale por los bordes cuando intento cubrirlos con las palmas. Muevo más rápido mi cadera.
   —Dame más, nena... Lo estás haciendo muy bien...
Ella jadea más ruidosamente por mi cambio de ritmo, pero lo sigue, moviéndose con la misma intensidad. Me toma las manos y entrelaza los dedos. Se apoya en mis brazos estirados para arquear la espalda hacia atrás.
   —¡Vamos! ¡Arre! — Ella vuelve a mirarme al oír eso. — ¡Arre vaquera!
Se ríe pero no habla. Conserva el ritmo encima de mí. Siento mis testículos mojados al mover las piernas para acomodarme mejor y moverme más rápido. Los dos jadeamos por el placer, pero ella es más ruidosa que yo. Pero empieza a gritar cuando su humedad aumenta y su vagina se contrae de forma muy placentera, estrangulando mi pene.
   —AAH!! AAH!!
Se derrumba sobre mí y me besa con desesperación. Creo que está teniendo su primer orgasmo con un hombre... Pues bien, tengo que hacerlo inolvidable para ti, nena. Me apoyo sobre los pies flexionándo las piernas para impulsarme y empujo con fuerza hacia arriba con mi cadera. Ella grita y me muerde los labios, se deshace en mi pecho a causa del placer.
La abrazo sin detener mi cadera, pero el esfuerzo está comenzando a cansarme. Ella se abandona, quedándose completamente a mi merced. Me parece que se está orinando, porque sus fluidos escurren en gran cantidad, mojando mis testículos, mis piernas y la sábana de la cama. Entonces se derrumba, y considero prudente detenerme.
   —Kathy...
Le quito el pelo de la cara para ver su expresión de satisfacción y placer. Aún tiembla un poco y respira agitada.
   —Te amo... Te amo...
La escucho susurrar. Le doy un beso.
   —Yo también...
Y me siento feliz por mi nueva novia. Sin tomar aliento intenta seguir besándome. Correspondo, pero imponiendo tranquilidad en los besos. Me siento con ganas de eyacular de nuevo.
   —¿Te gustó?
Ella sonríe y suspira, muy feliz.
   —Es... Como un sueño...
Recuesta su cabeza en mi pecho, pero yo sigo dentro de ella. La sabana bajo mis nalgas está completamente mojada. Pero también me siento con las fuerzas recuperadas. Repentinamente tomo impulso, y nos hago girar, para quedar yo encima. Ella se sorprende un poco por el súbito cambio.
   —¿Raoul?
   —Quiero... Terminar yo también...
Le digo y me acomodo entre sus piernas, separándolas tocando sus muslos. Veo manchas de lo que parece sangre en la base de mi pene, y varios hilos de sangre dentro de manchas mojadas de la sabana. Ella echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos, volviendo a jadear cuando yo reinicio las penetraciones.


Amaso sus senos y juego con sus pezones sin detener mi cadera. Ella me mira sin dejar de jadear. Se escuchan los golpes continuos de nuestras caderas cada que la penetro. Pero esta vez soy yo el escandaloso.
   —Aah... Kathy... Estoy a punto de venirme... Y... Quiero hacerlo dentro...
Ella me mira jadeando con la boca abierta. Mis piernas y mis nalgas se contraen, tensándose los músculos. En verdad la eyaculación se acerca más y más a cada momento.
   —¡Kathy! ¡No puedo parar! — Intento concentrarme, buscando las palabras. — ¡Joder! ¡Te amo!
Eso hace cambiar su expresión. Sus ojos brillan.
   —Yo... También... — Dice ella en un gemido casi inaudible.
Aprieto sus senos con una mano. Con la otra la sostengo de la cadera para mantenerla firme. Y finalmente sucede. Siento el orgasmo liberador, y esa sensación tan placentera de la eyaculación me domina mientras lleno su vagina con mi semen. Intento mirarla a los ojos mientras todo esto pasa, pero por breves fracciones de segundo se me cierran los ojos.
   —¡Ooh sí! ¡Mi amor! ¡Eres la mejor! AAH!!
Mis jadeos se transforman en gruñidos y gritos. Sentir toda la carga de semen salir disparada con fuerza a través de mi pene mientras éste se mantiene envuelto por su interior, y sentir su piel con las manos es simplemente fenomenal. Gruñendo, termino de descargar y mis fuerzas flaquean. Las tensiones de mis piernas y nalgas se aflojan, y me tambaleo. Ella me mira fijamente, y la suelto para alcanzar a frenar mi caída sobre ella.
   —Te amo, Kathy...
Me recuesto sobre ella y la beso. Ella me abraza y corresponde. Me siento satisfecho. Su vagina húmeda y ahora más caliente por mi descarga se siente muy bien en mi pene. Intento quedarme quieto, disfrutando de la sensación, mientras solo muevo mi boca.
Después de un rato ella termina el beso y habla.
   —Yo también te amo, Raoul...
Me recuesto en su pecho y escucho su corazón. Ella suspira, y me dan muchas ganas de dormir. Cierro los ojos.
   —Kathy... ¿Dijiste que sólo teníamos seis horas?
   —Ajá...
Mis ganas de dormir aumentan rápidamente a cada segundo.
   —¿Cuánto... Nos queda?
   —No sé... — Dice ella, y siento sus caricias en mi espalda.
Ella sigue diciendo algo, pero pierdo el hilo de sus palabras. Me estoy quedando dormido...

Unos golpes en la puerta me sobresaltan. Siento ganas de orinar, pero la molestia por despertar de golpe es más grande. Kathy me tiene entre sus brazos, abrazándome como un peluche. Ella sigue desnuda. Pero los golpes insisten, y resoplo.
   —¡Joder!
Me levanto, soltándome con cuidado de Kathy, pero ella comienza a despertar. Al salir de la cama veo toda nuestra ropa en el suelo. Me acerco desnudo a la puerta, y grito molesto.
   —¡¿Qué pasa?!
   —¡Se le cobrarán recargos si se quedan más tiempo!
Me dan ganas de maldecir, pero escucho la cama moverse, y veo que Kathy ha despertado. Se ve preciosa recién despierta, con la vista desenfocada y el pelo desordenado. Nos sonreímos cuando los golpes interrumpen.
   —¡Tendrá un recargo de 金250 si no sale ahora!
   —¡Ya vamos! ¡Un momento!
Le grito de mala gana, y voy con Kathy. Ella intenta encontrar su ropa, pero la tomo de la barbilla.
   —Te amo.
   —Yo también te amo...
Su mirada es de una chica feliz. Sus mejillas tienen un ligero tono rosado, y sonríe. Le doy un beso, intentando ser romántico, pero la presión de los golpes y la necesidad de mi vejiga me estorban. Ella se separa, y cuando intento seguir me interrumpe.
   —Vamos... Tenemos que irnos.
Me da un beso en los labios y se suelta. Recoge su ropa y se viste. Yo hago lo mismo, pero no dejo de mirarla mientras se va vistiendo. Me pongo mal la camisa y los pantalones. Ella intenta alisar su camisa, y la ayudo a cerrar los botones, mirando como sus pechos desaparecen de mi vista con cada botón. También los toco un poco con los dedos.
Al final, estamos vestidos.
   —¿Listo, no olvidas nada?
   —Creo que no.
Me reviso los bolsillos. Llevo la cartera, el teléfono celular y mis llaves. Ella se pone el saco y se cierra el botón superior.
   —Vamos.
Me toma de la mano. Pero su pelo sigue desordenado, y paso mis dedos brevemente, intentando peinarla. Salimos juntos de la habitación al pasillo, que está vacío. En la recepción veo al mismo tipo con el que Kathy habló al llegar.
   —No puedo dejarlos ir sin pagar el recargo.
   —Joder... Sí. — Saco la cartera y busco el dinero. Se lo doy de mala gana. — Aquí está.
   —Gracias. Vuelvan pronto.
Ignoro la sonrisa de ese sujeto y vuelvo a tomar la mano de Kathy mientras caminamos a la salida. Fuera, el aire frío me hace temblar un poco. El cielo está comenzando a clarear. A mi lado Kathy también tiembla, y recuerdo que lleva una falda corta al verla.
   —Mmmm... Debemos tomar un taxi... No es muy seguro ir por la calle a esta hora si vas vestida así.
Ella asiente, y cuando voy a echar a caminar a la calle más transitada que se ve, me jala. Volteo y ella se ve nerviosa de nuevo.
   —Raoul...
   —¿Qué pasa?
   —Mmm... ¿Qué va a pasar con nosotros ahora?
Entiendo por qué está inquieta. Le sonrío y me pongo frente a ella, tomando sus manos.
   —Pues... Espero que nuestra historia juntos dure mucho tiempo a partir de ahora.
Y me acerco para besarla, pero ella se aparta hacia atrás un poco.
   —¿Entonces? ¿Eso significa...?
La jalo para evitar que vuelva a apartarse.
   —Significa que ahora somos novios.
Su sonrisa crece desmesurada luego de oír eso. Vuelvo a acercarme para besarla, pero esta vez va a mi encuentro. Aprieta mis manos y me suelta para rodear mi cuello. Yo también la abrazo y temblamos juntos por el frío, pero concretando el inicio de nuestra relación con ese beso, mientras los autos de la avenida cercana comienzan a ser más ruidosos, anunciando el inicio de un día más.

Muchas gracias por leer este cuento.
Puedes ver el Prefacio de la Miscelánea de cuentos aquí.
El siguiente capítulo lo encuentras aquí.

Comentarios

  1. Nbo mames, estuvo tan bien sintetizada, tan expresiva etc quisiera leer más y más

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    Respuestas
    1. Me alegro que te haya gustado. Tengo planeado escribir más cosas y publicarlas en el futuro. Te invito a que compartas la historia con tus amigos :D
      Y gracias por comentar.

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  2. el comentario medice que leea y mi hueva me dice mejor norpo

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